En 1420, bajo la protección de Guido Gonzaga Canónigo de la Catedral y Abad Comendatario de San Benedicto, un pequeño grupo de monjes ermitaños de San Jerónimo fundó un monasterio en un meandro de un arroyo, el Parcarello, cerca del Lago Superior de Mantua. Algunos años más tarde, los monjes de San Jerónimo recibieron como regalo, además del pequeño monasterio, una iglesia, una serie de campos e inmuebles.

La pequeña comunidad religiosa siempre gozó de la protección de la familia Gonzaga que gobernaba la ciudad por aquel entonces. A lo largo de los años, le otorgaron continuas concesiones y privilegios hasta la desaparición del ducado.
Los religiosos, al ingresar a la pequeña ermita, consagraban su vida a la oración y al estudio.
Durante casi tres siglos y no obstante la llegada de los Austríacos a Mantua, poco cambió para el monasterio de San Jerónimo, pero una serie de reformas eclesiásticas llevadas a cabo en el siglo XVIII impusieron su supresión en el año 1772.
En esa época se produjo la venta del complejo y parte de la iglesia y del monasterio fue derribada. El nuevo propietario, el marqués Annibale Cavriani, uno de los miembros más ricos de la comunidad mantuana, transformó radicalmente el sitio, construyendo un molino para el descascarillado del arroz, cuya estructura aún hoy es bien visible.
En 1806, San Girolamo fue cedida a Giacomo Malacarne quien, pocos años después, tuvo que vender todos sus bienes por razones económicas a la familia Bonoris. Esta familia y sobre todo el último descendiente directo, el conde Gaetano Bonoris, le dieron a la mansión un gran impulso agrícola.
Al morir el conde, en 1923, la propiedad pasó a un ente moral denominado “Fundación Bonoris”. En 1970, San Girolamo junto a sus 155 biolcasmantuanas (unidad de medida correspondiente a un tercio de hectárea) fue adquirida por los actuales propietarios. |
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Aunque casi todas las huellas del antiguo pasado monástico se han perdido, este magnífico lugar, ubicado en el Parque del río Mincio, conserva las características de un ambiente emocionante, donde se pueden percibir sensaciones únicas, que proceden de su tierra, tan honesta como su naturaleza, y de su larga historia.
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